Corría el año 2004 cuando un personaje conocido por sus experiencias vividas en barcos y galeras al que todos conocían como Tote, naufragó junto con una guitarra en una isla desierta. Pronto se dió cuenta que sería más feliz en compañía, por lo que fue escribiendo mensajes que luego introdujo en botellas. Todas fueron lanzadas al cálido mar.
Una de ellas harta de flotar, le llego a Natxo, un viejo contramaestre, y al mismo tiempo gran amigo de batallas libradas, quien a la deriva luchaba con delfines y tiburones para salvar lo que le quedaba de balsa. Al leer el mensaje, puso rumbo a la isla, en la cual su único habitante vigilaba desde lo alto de un arrecife.
Natxo, especialista en ritmos, palos y danzas exóticas, comenzó a tocar sobre dos maderas huecas.
No muy lejos de allí un naúfrago apodado el Goiko, viejo lobo de mar, oyó la llamada y no dudo en seguir el eco de lo que quedaba de su ya maltrecha fe. Tote y Natxo lo esperaban en la playa, la única que rodeaba la isla. Fue entonces, en el mes de mayo del mismo año 2004, cuanto juntos los tres náufragos, comenzaron su andadura.
En el nacimiento del año 2006, alguien que hacía soñar a las sirenas con las notas que salían de una caja con teclas, al cual apodaban Josi, naufragó en la isla. Entre cables y extraños aparatos generadores de estridentes sonidos, acabó echando sus raíces. Los cuatro habitantes decidieron compartir los días del año en curso haciendo realidad sus fantasías… musicales.
Un mes de noviembre notaron una presencia extraña. Un tal Marco, se presentó guitarra en mano buscando el santo grial del sonido, cosa que hoy en día sigue intentando.
Ya en el 2008, Natxo y Goiko, decidieron explorar otras islas en busca de nuevos sonidos, lo que obligó a los naúfragos a secuestrar a Eneko, miembro de otras tribus.
continuará….
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